lunes 12 de octubre de 2026 - Edición Nº3662

Sociedad | 12 oct 2026

Historia e identidad

Necochea cumple 145 años: por qué se fundó junto al río y quiénes la hicieron posible

03:21 |Un distrito sin cabecera, una salida comercial y el mástil de un barco naufragado: las decisiones y los episodios detrás del nacimiento de la ciudad.


El primer mástil de la fundación de Necochea había pertenecido a un barco naufragado. El 12 de octubre de 1881, la bandera argentina se izó en el palo principal de El Filántropo, recuperado de las costas del distrito. Aquel gesto acompañó el nacimiento formal de un pueblo que hoy cumple 145 años y que empezó a construirse mucho antes de la ceremonia.

Detrás de esa jornada estaban Ángel Ignacio Murga, Victorio de la Canal y otros vecinos que impulsaban una necesidad concreta: establecer una cabecera para el partido y aprovechar la cercanía del río y el mar para desarrollar el comercio regional.

 

La historia de Necochea reúne esas dos aspiraciones: organizar una comunidad y conectarla con otros lugares. El puerto, la plaza, el balneario y los caminos que vendrían después fueron dando forma a ese proyecto.

 

 

Un partido que todavía no tenía su pueblo cabecera

 

El partido de Necochea había sido creado en 1865, dieciséis años antes de la fundación. Existía el distrito, pero faltaba una localidad que concentrara su administración.

 

Las autoridades debían cumplir tareas de justicia, inspección y organización sobre grandes extensiones, con población dispersa y comunicaciones difíciles. Establecer una cabecera significaba reunir instituciones y ofrecer un centro para la vida comercial y administrativa.

 

Por eso, la fundación de 1881 debe entenderse dentro de una historia anterior. En el partido ya vivían más de 3.300 personas, aunque el pequeño núcleo urbano que daría origen a la ciudad tenía una escala muy diferente: un relevamiento previo a la fundación contabilizó 139 habitantes.

 

La ceremonia formalizó un proyecto que había requerido años de pedidos, apoyos políticos y decisiones sobre las tierras.

 

 

Quiénes impulsaron la fundación

 

Ángel Ignacio Murga, comandante de las Guardias Nacionales y luego juez de paz del distrito, fue una figura central en las gestiones. Victorio de la Canal, quien también había ejercido como juez de paz, compartía la iniciativa de establecer el pueblo.

 

El proyecto recibió respaldo provincial y se concretó durante el gobierno de Dardo Rocha. El acta fundacional reconoció su cooperación y la de otros colaboradores, entre ellos Aristóbulo del Valle, que acompañaron las gestiones en las cámaras legislativas y la prensa.

 

También participaron municipales y vecinos. En el documento aparecen nombres como Pedro Etchebarne, Nicanor Duarte, Julián Azúa y José Querencio, junto al agrimensor José María Muñiz y su ayudante Benedicto Calcagno.

 

Murga y De la Canal quedaron como los fundadores más recordados, pero la creación del pueblo fue un proceso colectivo: había que impulsar la iniciativa, conseguir tierras, realizar el trazado y organizar las instituciones que sostendrían su crecimiento.

 

El nombre elegido rindió homenaje al general Mariano Necochea, protagonista de las luchas por la Independencia.

 

 

Por qué se eligió un lugar junto al río y el mar

 

La ubicación tenía una razón económica. El Quequén Grande ofrecía una vía para transportar la producción y recibir mercaderías en una región donde los desplazamientos por tierra resultaban difíciles y costosos.

 

La actividad portuaria precedía a la fundación: existen registros desde 1863, cuando se operaba mediante muelles de madera distribuidos sobre ambas márgenes del río.

 

Murga veía en esa salida una herramienta para el desarrollo de Necochea y de otros distritos. Defendía una navegación regular y transportes más económicos que permitieran a productores y comerciantes de Lobería, Tres Arroyos y Balcarce utilizar el puerto.

 

El futuro pueblo podía convertirse en un punto de encuentro entre la producción del interior y el movimiento marítimo. La cercanía de la desembocadura era una ventaja que necesitaba organización e infraestructura para aprovecharse.

 

 

El Filántropo: un naufragio que quedó unido al nacimiento de Necochea

 

El 29 de abril de 1873, El Filántropo partió de San Pedro rumbo a Bahía Blanca. Llevaba carga y unos catorce pasajeros, entre ellos niños. Su capitán era Juan Bautista Picón.

 

Durante el viaje, un temporal lo llevó a naufragar en las costas del actual distrito, en la zona de Médano Blanco. No hubo víctimas fatales y la carga recuperada quedó bajo custodia de las autoridades.

 

El episodio expuso las dificultades de navegar por la región y fortaleció los reclamos para establecer una cabecera que también pudiera ofrecer protección a las embarcaciones.

 

Ocho años después, el mástil principal del barco fue utilizado para izar la bandera durante la fundación.

 

El Filántropo quedó así ligado a dos momentos distintos: un accidente que mostró las necesidades del territorio y una ceremonia que formalizó un nuevo comienzo. Su historia es una parte de aquel proceso, junto a las gestiones políticas y los intereses comerciales que lo hicieron posible.

 

 

Antes del acto hubo que resolver las tierras y dibujar el pueblo

 

La fundación también requirió definir dónde y cómo se levantaría el asentamiento. En 1877 se sancionó la Ley 1131 para disponer de tierras de la familia Díaz Vélez destinadas al nuevo pueblo.

 

José María Muñiz estuvo a cargo del trazado. El plano original comprendía un cuadro de dieciséis por dieciséis manzanas, con una plaza central de cuatro manzanas.

 

Las líneas del plano proyectaban una localidad mucho mayor que la pequeña población existente. Había que abrir calles, construir edificios y desarrollar las actividades que permitirían habitarla.

 

Ese proceso ocurrió en un contexto de expansión estatal y conflictos de frontera con pueblos originarios. El territorio tenía una historia previa: el acta de 1881 marca el nacimiento formal del pueblo dentro de una trayectoria más extensa.

 

 

Las huellas que conserva el acta fundacional

 

El documento de la fundación incluye dos referencias que forman parte de la identidad local: invoca al G.A.D.U., el Gran Arquitecto del Universo, y pone al pueblo bajo la advocación de la Virgen del Carmen, a pedido de vecinos.

 

La invocación y las firmas con tres puntos reflejan la participación masónica en el proceso. La advocación religiosa también quedó asentada en el acta.

 

Leídas en su contexto, esas referencias permiten conocer las pertenencias de quienes participaron y los acuerdos que acompañaron el nacimiento del pueblo.

 

 

La ciudad y el balneario fueron creciendo por etapas

 

Necochea fue declarada ciudad el 26 de julio de 1911, casi treinta años después de su fundación.

 

Su relación con la playa se había transformado con el desarrollo de la Villa Díaz Vélez. La Diagonal San Martín vinculó el casco fundacional con el sector balneario y, en 1914, el tranvía comenzó a comunicar ambos núcleos.

 

El centro y la playa, que hoy forman parte de nuestros recorridos habituales, se fueron integrando mediante loteos, transporte y nuevas construcciones.

 

El turismo sumó otra actividad a una comunidad vinculada con el comercio y la producción regional. Detrás de los hoteles y los balnearios hubo emprendimientos familiares y trabajadores que hicieron posible cada temporada.

 

El puerto, el puente y el bosque que vinieron después

 

Las obras del puerto actual comenzaron en 1911 y concluyeron formalmente en 1922. Hacia el final de esa década, la comercialización cerealera de las grandes exportadoras dio impulso a la estación marítima.

 

El Puente Colgante Hipólito Yrigoyen se inauguró oficialmente el 21 de julio de 1929. Respondía a una necesidad cotidiana: mejorar la comunicación entre Necochea y Quequén y facilitar el traslado de vehículos y mercaderías.

 

Su estructura metálica fue fabricada en Francia y enviada al país por barco. Con el tiempo se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la zona.

 

El Parque Miguel Lillo llegó después. Fue creado en 1948 para fijar médanos que dificultaban la expansión urbana. El bosque que hoy recorremos nació de una intervención planificada sobre un paisaje de arenas móviles.

 

Cada uno de esos lugares conserva una etapa de la construcción de Necochea. Lo que hoy parece familiar necesitó proyectos, recursos y años de trabajo.

 

 

Lo que recordamos y lo que todavía falta contar

 

Una ciudad también conserva su historia en fotografías familiares, documentos, cartas y testimonios. Allí pueden aparecer comercios desaparecidos, formas de trabajar, viajes a la playa y escenas de barrios que cambiaron con el tiempo.

 

Recuperar esas experiencias permite ampliar la memoria más allá de los nombres y las fechas principales.

 

Los 145 años reúnen a los fundadores y a las generaciones que continuaron su tarea: quienes construyeron viviendas, abrieron negocios, enseñaron, trabajaron en el puerto, recibieron visitantes y sostuvieron instituciones.

 

Hoy, el monumento al general Mariano Necochea ocupa un lugar central en la plaza. A su alrededor está la ciudad que aquel pequeño pueblo apenas comenzaba a proyectar.

 

Del mástil recuperado de un naufragio a las calles que transitamos todos los días, el aniversario permite reconocer cuánto cambió este lugar. También invita a pensar qué decisiones de nuestro presente formarán parte de la historia que contarán las próximas generaciones.

 

 

 

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