
Las condiciones climáticas obligaron a trasladar el encuentro a la sede Quequén de la Universidad Nacional del Centro. Allí se exhibieron fotografías de la intervención, que permitieron compartir sus diferentes imágenes y mensajes. La presentación contó también con la participación de la Banda Municipal y se enmarcó en el trabajo de la Cátedra Abierta de Educación para la Paz “Alfredo Marcenac”.
La obra reúne el aporte de estudiantes de dos escuelas secundarias de Quequén, artistas voluntarios, una asociación vecinal, integrantes de la comunidad y la Delegación municipal. Detrás de los colores y las figuras hay un proceso de diálogo sobre la violencia, las consecuencias del uso de armas de fuego y las posibilidades de construir otras formas de convivencia.
En testimonios enviados a NdeN, Boyssede destacó que el mural expresa una tarea de concientización que la asociación viene sosteniendo desde hace 20 años.
“Lo más importante es que el mural recoge las expresiones y las reflexiones de los jóvenes”, señaló. Los estudiantes participaron previamente en acciones y talleres, y sus ideas quedaron incorporadas a la pintura mediante palabras, frases e imágenes.
El propósito es que esas reflexiones encuentren nuevos interlocutores entre quienes pasan por el lugar: vecinos, familias y turistas que recorren el acceso a la escollera.
Boyssede explicó que se busca poner en discusión cuestiones que suelen permanecer invisibilizadas. Entre ellas, el desarme como una necesidad para una sociedad que pretende vivir en paz, y la paz entendida como una forma de comportamiento y de acción colectiva.
La mirada está puesta especialmente en las nuevas generaciones, para que puedan vivir “de una manera diferente y con menos violencia”.

El proyecto surgió de Sol Rivarola, quien presentó la propuesta a la asociación al finalizar su formación en Gestión Cultural. La iniciativa buscaba recuperar un sector del acceso a la Escollera Norte mediante una expresión artística construida con la comunidad.
El diseño fue resultado de un proceso de dos años junto a estudiantes de Quequén. Para llevarlo a la pared se sumaron 15 artistas que trabajaron de manera voluntaria, además de alumnos que acompañaron la jornada de pintura.
Boyssede agradeció a la impulsora del proyecto y a quienes colaboraron, especialmente a los artistas que aportaron sus manos y su energía para expresar el deseo colectivo de una convivencia menos violenta.
Las imágenes de la obra permiten reconocer ese mensaje: figuras humanas de distintos colores, manos, corazones y palabras vinculadas con el cuidado, la alegría y el respeto. Uno de los sectores recuerda, además, los 20 años de trabajo a favor del desarme.
La propuesta continuará más allá de la presentación. Según adelantó Boyssede, se instalará un código QR en el mural para que quienes lo visiten puedan acceder a una petición a favor del desarme.
También estará disponible una encuesta para quienes quieran aportar su mirada sobre esta problemática. De ese modo, el recorrido por la obra podrá convertirse en una oportunidad para informarse y participar.
“Queda hecha la invitación a todos los que pasen y transiten por allí”, expresó.
En el acceso a la Escollera Norte, las reflexiones nacidas en los talleres quedaron abiertas a toda la comunidad. La presentación celebró ese trabajo compartido y la posibilidad de que las voces de los jóvenes sigan encontrando espacio en la conversación sobre cómo vivir con menos violencia.
