Se trata de uno de los fenómenos astronómicos característicos de octubre, producido por pequeñas partículas desprendidas del cometa Halley que ingresan a gran velocidad en la atmósfera terrestre y generan los destellos luminosos popularmente conocidos como estrellas fugaces.
Según la NASA, en condiciones ideales de oscuridad pueden observarse entre 10 y 20 meteoros por hora. Sin embargo, la cantidad visible dependerá de la nubosidad, la iluminación artificial y el brillo de la Luna, que este año dificultará la observación de los destellos más tenues.

La lluvia de meteoros permanece activa desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre, aunque su mayor intensidad se espera durante la noche del miércoles 21 y la madrugada del jueves 22.
La NASA recomienda realizar la observación después de la medianoche, especialmente durante las últimas horas de la madrugada, cuando la Luna se encuentre por debajo del horizonte y su iluminación interfiera menos.
Este año, el máximo coincidirá con una Luna gibosa creciente, lo que reducirá la visibilidad de los meteoros más débiles durante parte de la noche.
Por eso, quienes quieran observar el fenómeno desde Necochea o Quequén tendrán mejores posibilidades si eligen un lugar con poca contaminación lumínica y condiciones meteorológicas favorables.

Las Oriónidas son una lluvia de meteoros que se produce todos los años cuando la Tierra atraviesa una región del espacio donde permanecen partículas de polvo y pequeños fragmentos desprendidos del cometa Halley.
Al ingresar en la atmósfera a velocidades cercanas a los 66 kilómetros por segundo, estos materiales se calientan y producen breves trazos luminosos.
Aunque se los denomina popularmente estrellas fugaces, no son estrellas: se trata de partículas que se desintegran al atravesar la atmósfera.
El cometa Halley pasó por las cercanías de la Tierra en 1986 y se espera que regrese en 2061. Mientras tanto, los restos que dejó a lo largo de sus recorridos siguen produciendo lluvias de meteoros como las Oriónidas.
Uno de los aspectos más atractivos de este fenómeno es que algunos meteoros pueden generar estelas luminosas que permanecen visibles durante varios segundos, incluso después de que desaparece el destello principal.

Las Oriónidas reciben su nombre porque los meteoros parecen originarse en las proximidades de la constelación de Orión, una de las más reconocibles del cielo nocturno.
Sin embargo, los destellos pueden aparecer en distintas regiones del firmamento, por lo que no es necesario concentrar la mirada en un único punto.
Para quienes quieran disfrutar del espectáculo desde Necochea y Quequén, las recomendaciones son:
Alejarse de las luces urbanas: buscar sectores seguros con baja iluminación artificial.
Elegir una noche despejada: la presencia de nubes puede impedir completamente la observación.
Mirar durante la madrugada: especialmente en las horas anteriores a la salida del sol.
Evitar el uso del celular: la luz de las pantallas dificulta que los ojos se adapten a la oscuridad.
No utilizar telescopios: el fenómeno se aprecia mejor a simple vista, observando una amplia porción del cielo.
Llevar abrigo: permanecer varios minutos al aire libre durante la madrugada puede resultar incómodo por las bajas temperaturas.
La NASA indica que los ojos necesitan aproximadamente 30 minutos para adaptarse a la oscuridad, por lo que recomienda observar con paciencia y sin iluminación directa.

Las Oriónidas pueden observarse desde ambos hemisferios, por lo que Necochea y Quequén se encuentran dentro de la región geográfica desde la cual el fenómeno es visible.
No obstante, la posibilidad concreta de apreciarlo dependerá principalmente del estado del tiempo durante la noche del miércoles 21 y la madrugada del jueves 22.
Si el cielo permanece cubierto, será difícil o imposible distinguir los meteoros. Además, la contaminación lumínica dentro de la ciudad puede reducir considerablemente la cantidad observable.
Por eso, aunque los especialistas mencionan una referencia de entre 10 y 20 meteoros por hora bajo condiciones ideales, esa cifra no constituye una garantía de lo que podrá verse desde nuestra región.
El fenómeno representa una oportunidad para observar uno de los acontecimientos astronómicos más conocidos del año, sin necesidad de instrumentos especiales y siempre que las condiciones del cielo lo permitan.