
La respuesta de la comunidad superó todas las expectativas: se entregaron casi 900 plantines, pero la cantidad de personas que participó fue tan importante que los ejemplares disponibles no alcanzaron para todos.
La jornada fue el resultado del trabajo conjunto entre el Colegio Danés Altamira, el Hogar San Andrés y el Centro de Formación Laboral N.º 403, instituciones que desarrollaron durante meses una experiencia educativa y comunitaria vinculada con la huerta, el cuidado ambiental y el intercambio entre generaciones.
En diálogo con NdeN, Juan Manuel García, docente del Colegio Danés Altamira, y Eugenia Podlesny, integrante del Centro Cultural Necochea, compartieron detalles de la convocatoria, el trabajo realizado y las expectativas para futuras ediciones. Ambos forman parte, además, de Necochea Ciudad Frutal.
La gran cantidad de vecinos que se acercó al Centro Cultural fue uno de los aspectos más destacados de esta sexta edición.
«Fueron cuadras y cuadras de cola», relató Eugenia Podlesny a NdeN, al describir la magnitud de la participación.
La convocatoria fue tan importante que algunas personas debieron retirarse sin recibir ejemplares, una situación que los organizadores lamentaron, aunque también interpretaron como una señal del creciente interés por la iniciativa.
«Lamentablemente hubo gente que se fue sin nada, no nos gusta eso, pero bueno, significa que hay que trabajar más», expresó Podlesny.
Por su parte, Juan Manuel García coincidió en que la respuesta superó las previsiones.
«Quedamos desbordados porque había más gente que plantas, se ve que es una demanda que hay que cubrir», señaló el docente.
La jornada dejó así un balance ampliamente positivo, pero también el desafío de ampliar la producción para que más vecinos puedan acceder a los ejemplares en próximas ediciones.
Durante la actividad se distribuyeron casi 900 plantas y plantines, producidos a través del trabajo de los talleres de las instituciones participantes.
La entrega incluyó una amplia variedad de especies hortícolas, entre ellas tomates, remolachas, puerros, lechugas y morrones.
También se ofrecieron árboles, plantas aromáticas y florales, como malvones y margaritas, además de algunos ejemplares frutales, entre ellos membrilleros y parras.
Detrás de cada planta hubo un proceso de aprendizaje que se extendió durante el año, en el que los estudiantes incorporaron conocimientos sobre reproducción vegetal, cultivo a partir de semillas, reconocimiento de especies y cuidado de los ejemplares.
La suelta permitió que toda esa producción saliera de las instituciones y llegara directamente a los hogares de Necochea.

Uno de los aspectos más valiosos de la iniciativa es el trabajo intergeneracional que se desarrolla durante el ciclo lectivo.
García explicó que el proyecto forma parte del Taller de Huerta del Colegio Danés Altamira, que coordina junto con Lis Ullerup, y que involucra a estudiantes de primer año.
Como parte de las actividades, un grupo reducido de alumnos visita semanalmente el Hogar San Andrés, donde comparte tareas vinculadas con la huerta junto a sus residentes.
Durante esos encuentros realizan actividades de reproducción de plantas, cultivo a partir de semillas, trabajo con aromáticas y árboles, además de experiencias de deshidratado.
Parte de la producción se desarrolla en el propio hogar y luego se traslada al colegio para continuar con su cuidado.
De esta manera, los estudiantes aprenden sobre los ciclos vegetativos y las características de las especies, mientras comparten tiempo, conocimientos y experiencias con personas mayores.
El proyecto convierte así a la huerta en una herramienta educativa que también favorece el encuentro entre generaciones.
Una de las novedades de esta edición fue la participación del Centro de Formación Laboral N.º 403, a través de su Taller de Huerta, coordinado por el docente Willy Gutiérrez.
La incorporación permitió ampliar la producción de plantines y sumar una nueva dimensión al proyecto.
Según explicó García, la intención fue que los estudiantes más jóvenes pudieran compartir experiencias con personas adultas que también eligieron formarse y aprender sobre el trabajo con la tierra.
Para los alumnos de primer año, de aproximadamente 12 años, esta interacción permitió comprender que la formación y el interés por la naturaleza pueden continuar a lo largo de toda la vida.
La experiencia reunió así a adolescentes, estudiantes adultos y residentes de un hogar de personas mayores, todos vinculados por una actividad compartida.
Aunque la distribución de ejemplares fue el principal atractivo para los vecinos, los organizadores destacaron que el verdadero sentido de la propuesta está en el proceso educativo y social que la hace posible.
Durante la jornada, los estudiantes tuvieron la oportunidad de compartir sus conocimientos con el público, participar de la entrega y comprobar el interés de la comunidad por el trabajo realizado.
Para García, ese contacto directo representa uno de los momentos más significativos del proyecto.
«Todo lo que queremos que salga del proyecto pasa ese día. El aprendizaje y servicio se ve que está en su plenitud», expresó a NdeN.
El docente también destacó la satisfacción de los estudiantes del Colegio Danés, los participantes del Centro de Formación Laboral y los adultos mayores que formaron parte de la experiencia.
La jornada permitió visibilizar el trabajo realizado durante meses y reconocer el compromiso de quienes participaron en cada una de sus etapas.

El éxito de convocatoria dejó un nuevo desafío para los organizadores: ampliar el alcance de la propuesta y aumentar la cantidad de ejemplares disponibles.
En ese sentido, Juan Manuel García adelantó a NdeN que ya mantienen conversaciones para incorporar nuevas organizaciones al proyecto.
La intención es que la próxima edición permita fortalecer el trabajo colectivo y sumar más participantes a una iniciativa que lleva seis años de continuidad.
La sexta Suelta de Plantas dejó un balance destacado: casi 900 ejemplares entregados, una convocatoria que superó las previsiones y una experiencia compartida entre distintas generaciones.
Más allá de las plantas que llegaron a los hogares, la jornada volvió a demostrar cómo un proyecto educativo puede trascender las aulas y convertirse en una actividad comunitaria que promueve el cuidado ambiental, el aprendizaje y la participación ciudadana.