
La jornada combinó palabras de agradecimiento, poesía, música, pintura en vivo y momentos para compartir algo para comer y beber. Uno de los momentos centrales fue la proyección de un video colectivo en el que distintas instituciones y grupos de personas compartieron sus experiencias y mensajes, visibilizando las múltiples formas en que se construye paz en Necochea y Quequén.
El encuentro estuvo atravesado por la emoción de Mónica Bouyssede, presidenta de la asociación y madre de Alfredo “Freddy” Marcenac, cuyo asesinato dio origen a una historia de compromiso con el desarme y la prevención de la violencia armada que ya lleva dos décadas.
Durante su intervención, Bouyssede recordó los comienzos de la asociación y el desafío que significó transformar una tragedia familiar en una tarea destinada a evitar que otras personas atravesaran situaciones similares.
“Hace 20 años que la Asociación Civil Alfredo Marcenac trabaja en la promoción del desarme y la construcción de la paz”, expresó.
La presidenta de la entidad explicó que el crimen de su hijo los enfrentó no solamente al dolor de su pérdida, sino también a la necesidad de actuar frente a las consecuencias del uso de armas de fuego, una problemática que, según recordó, tenía escasa presencia en el debate público argentino.
En ese recorrido, el acompañamiento de familiares, amigos y numerosas personas comprometidas con la causa resultó fundamental para sostener el trabajo de la institución.
Con el paso de los años, la asociación profundizó su mirada sobre la relación entre el desarme y la posibilidad de construir una sociedad más pacífica.
“Por eso el desarme estuvo siempre unido a la construcción de paz en el trabajo de la asociación, no podía ser de otra manera”, afirmó Bouyssede.
También advirtió sobre los riesgos de naturalizar el uso de armas de fuego como respuesta a los conflictos y destacó la importancia de promover el diálogo, el respeto y otras formas de convivencia.

Uno de los aspectos más significativos de la celebración fue el reconocimiento a las organizaciones, instituciones educativas y grupos comunitarios que, desde diferentes ámbitos, contribuyen a transformar la realidad social.
El video colectivo presentado durante el Congreso permitió conocer experiencias vinculadas con la solidaridad, la inclusión, la participación y la resolución pacífica de los conflictos.
En diálogo con estudiantes, Bouyssede expresó su emoción por la convocatoria y por la cantidad de personas que acompañaron el encuentro.
“La verdad que es una emoción muy grande, muy grande”, manifestó.
Y agregó: “Me conmueve, me da también mucha esperanza”.
La presidenta de la asociación destacó que muchas de estas iniciativas se desarrollan lejos de la atención pública, a pesar de su importancia para la comunidad.
“Generalmente lo que más se nota, o parece, son las situaciones de violencia que se denuncian permanentemente, y pocas veces se habla de estas formas de construcción silenciosas, de mucho esfuerzo”, reflexionó.
Sus palabras sintetizaron uno de los principales mensajes de la jornada: en Necochea también se construye paz, aunque ese trabajo cotidiano no siempre ocupe un lugar en las noticias.
La conmemoración propuso diferentes formas de expresión para compartir el recorrido de la asociación y reconocer a quienes acompañaron su trabajo durante estos años.
La música, la poesía y la pintura en vivo formaron parte de una jornada que combinó memoria, participación y celebración.
También se compartieron palabras de agradecimiento y se generaron espacios de encuentro entre integrantes de organizaciones, instituciones y vecinos.
Durante la actividad, representantes del Concejo Deliberante entregaron un reconocimiento a la asociación y se leyó una comunicación enviada por autoridades de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.
Bouyssede explicó que la elección del formato de Congreso Callejero estuvo vinculada con experiencias anteriores de la asociación.
A lo largo de su trayectoria, la institución organizó cinco encuentros de este tipo, destinados principalmente a niñas, niños y jóvenes, para debatir sobre la paz, la convivencia y las distintas formas de violencia.
Según recordó, algunas de esas convocatorias llegaron a reunir entre 400 y 700 participantes.
Para el vigésimo aniversario, la propuesta fue recuperar aquella experiencia, pero ampliar su alcance a toda la comunidad.
La intención fue reunir y visibilizar iniciativas que se desarrollan en distintos espacios sociales y que contribuyen a abordar problemáticas vinculadas con la inclusión, la seguridad, la solidaridad y la convivencia.
De esa manera, el Congreso buscó reconocer que la construcción de paz no se limita a una institución ni a una actividad específica, sino que puede expresarse en múltiples acciones cotidianas.

A dos décadas de su creación, la Asociación Alfredo Marcenac mantiene como uno de sus principales objetivos la promoción del desarme y la educación para la paz.
Durante su intervención, Bouyssede sostuvo que esta tarea debe desarrollarse en un sentido amplio, no solamente dentro de las escuelas, sino también en la formación docente, las universidades, los organismos políticos y judiciales, las empresas y la comunidad en general.
La institución cuenta con una agenda de trabajo proyectada hasta 2030, orientada a fortalecer la articulación con otras organizaciones y promover la incorporación de la construcción de paz en diferentes ámbitos educativos.
El encuentro de este viernes permitió recordar el camino recorrido desde el asesinato de Freddy Marcenac, pero también mirar hacia adelante.
Veinte años después, el compromiso de su familia y de quienes acompañan esta causa sigue encontrando nuevas expresiones en la comunidad.
Y la celebración dejó un mensaje que resume el sentido del Congreso Callejero: frente a las violencias que ocupan buena parte de la agenda cotidiana, en Necochea también existen numerosas personas e instituciones que trabajan, muchas veces silenciosamente, para construir paz.