
El documento ubica al distrito en la categoría de presión humana “muy alta” sobre los ambientes costeros. Describe erosión extrema en acantilados de Quequén, médanos removidos y caminos que afectan la dinámica del litoral, con viviendas próximas a algunos de los sectores vulnerables.
El Informe del estado de los ambientes costeros de la Provincia de Buenos Aires fue elaborado por equipos de Biodiversidad y Cambio Climático del Ministerio de Ambiente junto con científicos del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras —IIMyC, UNMdP-CONICET—.
El trabajo reúne relevamientos realizados durante 2024 en 104 puntos de 19 municipios, además de antecedentes científicos. Su presentación se realizó en Costa del Este, Partido de La Costa, en una jornada difundida oficialmente el 3 de noviembre, con representantes de 13 municipios.
La ministra Daniela Vilar destacó la necesidad de contar con diagnósticos precisos para planificar, anticiparse a los efectos de la crisis climática y construir políticas de conservación junto con los gobiernos locales. Presentación oficial.
El informe incluye a Necochea entre los municipios con muy alta presión antrópica, junto con La Costa, Pinamar, Villa Gesell, Mar Chiquita, General Pueyrredón, General Alvarado, Tres Arroyos, Monte Hermoso y Coronel Rosales.
La categoría considera el impacto de la urbanización, la infraestructura en playas, las defensas costeras, el turismo y otras actividades que modifican el ambiente.
No se trata de un ranking ordenado por metros de costa perdidos. El distrito integra el grupo de mayor presión humana, pero el estudio no le asigna un puesto numérico ni permite extender el diagnóstico a toda su costa.
En los cuatro puntos locales analizados, sin embargo, el resultado fue coincidente: baja conservación y deterioro relacionado con intervenciones humanas.

Uno de los diagnósticos más severos corresponde a Bahía de los Vientos, donde el documento describe acantilados activos con “erosión extrema” y sectores sin depósitos de playa.
El informe señala que las escolleras de Puerto Quequén modificaron el movimiento de arena a lo largo de la costa, favoreciendo su acumulación del lado de Necochea y un déficit del lado de Quequén. También vincula los procesos erosivos con los cambios en el comportamiento del oleaje generados por la prolongación de la escollera sur.
La pérdida de arena reduce la protección natural del pie del acantilado frente al mar. El documento registra sectores donde la avenida costanera quedó eliminada, intervenciones con enrocados y afectación de áreas próximas a viviendas.
A ese proceso se agregan las descargas pluviales sobre los acantilados, que incrementan la erosión y la posibilidad de derrumbes.
El informe recupera antecedentes de 2012 que registraron retrocesos de entre 0,5 y un metro anual en localidades como Quequén, Monte Hermoso y Pehuen-Có. Es una referencia histórica citada por el estudio: no constituye una medición nueva ni una velocidad uniforme para toda la costa local.
La playa próxima al puerto presenta condiciones diferentes. Según el relevamiento, la disposición de las escolleras genera una playa de bolsillo relativamente protegida, con parámetros más favorables que los observados en Bahía de los Vientos.
Aun así, el documento advierte que las intervenciones humanas la vuelven susceptible a procesos erosivos durante tormentas.
El contraste muestra que los efectos de las obras no son iguales en todos los puntos: pueden favorecer la acumulación de arena en un sector y alterar su disponibilidad en otros.

En la bajada de calle 117, en Barrio Médanos, se registraron playas de entre 70 y 100 metros de extensión, pero con dunas frontales muy deterioradas.
El informe identifica signos de erosión relacionados con el camino costanero y el tránsito vehicular. También señala que los médanos frontales fueron removidos en sectores de balnearios y viviendas de una urbanización emplazada sobre una duna litoral.
Los médanos forman parte del sistema que almacena e intercambia arena con la playa. Su alteración compromete esa dinámica y la capacidad de recuperación después de los temporales, incluso donde todavía se observa una franja de arena amplia.

En Punta Negra, cerca del campo de aerogeneradores, el relevamiento describe una costa acantilada con variaciones en los depósitos de playa y señales de erosión y retroceso.
Allí identifica a la avenida costanera, ubicada sobre el acantilado y paralela al mar, como la presión humana más importante.
Al comparar los resultados locales con un estudio provincial de 2019, el documento encuentra coincidencias con condiciones de alta y muy alta vulnerabilidad a la erosión. También destaca que tres de los sectores estudiados limitan, a escasos metros, con viviendas.

Los dos municipios vecinos aparecen en la categoría de presión humana intermedia, aunque sus puntos relevados presentan situaciones distintas.
En Arenas Verdes, Lobería, el estudio observó signos de deterioro y una playa de aproximadamente 42 metros de ancho. Señala que el avance de la forestación y la urbanización sobre los médanos dificulta el movimiento de sedimentos y reduce el aporte de arena a la playa.
También registra infraestructura sobre médanos incipientes y una avenida costanera entoscada. Ese diagnóstico corresponde al punto estudiado: no debe extenderse automáticamente al resto de la costa loberense.
En el Balneario San Cayetano, en cambio, se encontraron condiciones naturales más favorables: playas de más de 120 metros, dunas conservadas y campos de médanos activos que mantienen el aporte de arena.
El informe advierte, de todos modos, sobre la presión del tránsito vehicular en playas y dunas y del desarrollo turístico.
General Pueyrredón y General Alvarado comparten con Necochea la categoría de presión humana muy alta.
En Mar del Plata, el documento describe la combinación de urbanización, balnearios, defensas costeras y turismo intensivo. Explica que las obras rígidas pueden proteger un punto, pero también interrumpir el transporte de sedimentos y generar erosión en sectores vecinos.
Los aportes artificiales de arena han permitido mantener playas recreativas, aunque requieren mantenimiento periódico y disponibilidad de sedimentos adecuados.
En General Alvarado, el estudio identifica a Punta Hermengo, en Miramar, como un foco central de erosión, con ocupación urbana próxima al borde del acantilado e intervenciones mediante enrocados y escolleras.
Para Mar del Sur, registra playas angostas, derrumbes y retroceso del talud. Al sur de Miramar, también señala alteraciones vinculadas con la forestación exótica y la circulación de vehículos sobre médanos.
El capítulo de Necochea indica que, durante los relevamientos, el Municipio no informó la existencia de regulaciones costeras. Por ese motivo, el documento no incorporó información sobre delimitación de la línea de ribera, adhesión a normativa provincial, restricciones vehiculares y otros instrumentos de ordenamiento.
La observación describe una falta de información aportada al estudio: no demuestra que esas normas no existan. El informe contiene una aclaración similar para General Pueyrredón y General Alvarado.
Las recomendaciones incluyen conservar y restaurar médanos, regular el tránsito vehicular y evaluar las consecuencias de las obras sobre el movimiento de arena y las playas vecinas.
También plantea considerar la alimentación artificial de playas con déficit de sedimentos, reducir la ocupación del borde costero en áreas críticas y analizar el retiro planificado de estructuras expuestas.
En Necochea y Quequén, los cuatro puntos relevados muestran problemas diferentes: déficit de arena y acantilados erosionados en Bahía de los Vientos, intervenciones en la playa del puerto, médanos deteriorados en calle 117 y un camino sobre el acantilado en Punta Negra.
El documento propone abordar esos procesos mediante una planificación coordinada entre Provincia, municipios y sistema científico, que contemple tanto la protección de viviendas y servicios como la conservación de las playas y sus fuentes naturales de arena.