miércoles 01 de abril de 2020 - Edición Nº1277

Política | 5 mar 2020

"Hablemos de educación pública": Opinión de la profesora Silvia Gramigna

La profesora jubilada local redactó una nota de opinión para la Jefatura de Región 20 sobre la educación. "Reconocernos como trabajadoras de la educación es algo más que una frase".


Desde la Jefatura de Región 20 se realizó una invitación a diversas Mujeres referentes de distintos espacios a escribir sobre la Educación Pública y a publicarlas en su sitio web durante marzo. Para la primera ocasión se convocó a la Profesora Silvia Gramigna: "docente jubilada, viajera incansable, que supo construir lazos de afecto genuino con sus alumnxs y transmitir la curiosidad y el placer por la literatura". A continuación volcamos su texto.

 

HABLEMOS DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Desde la lejana ley 1.420 mucha agua ha pasado debajo de todos los puentes que se puedan imaginar. Pública, gratuita y laica, como herramienta de un país en ciernes, fue desde entonces andando un camino que a veces parecía un sendero tortuoso. Sin embargo, a diferencia de muchos países hermanos, el ideario de la gratuidad en la enseñanza, incluida la universitaria, pasó a ser una cuestión de Estado irrenunciable. Y es en ese marco que nosotras, las niñas de los años cincuenta, teníamos como sueño en nuestras vidas el ser maestras. Lo fuimos, en distintos niveles de la enseñanza, con guardapolvos blancos o de cuadritos o con la indumentaria de la profesora secundaria o universitaria. Nos marcó en nuestra tarea el imperativo de educar para la libertad y el ejercicio pleno de la ciudadanía. Nos fue llevando por el camino la lucha de quienes nos precedieron por una escuela pública mejor, y nuestras propias luchas, individuales o sindicales. Nuestra experiencia en las aulas se nutrió del cariño de las chicas y chicos a quienes vimos crecer y en quienes, a veces, encontramos el eco de nuestras propias palabras.

No es fácil ser imparcial, si cabe, cuando tenemos desde siempre nuestro corazón puesto en la escuela pública. Esa escuela que ha llegado hasta los lugares más alejados de la Patria, esa escuela que ha brindado las herramientas necesarias a quienes de otra manera habrían quedado en un costado. Tampoco se trata de idealizar y transformar en casi un apostolado un trabajo, sí, un trabajo con sus características, pero un trabajo al fin. Un trabajo que se ha realizado muchas veces sin el reconocimiento necesario en las condiciones más adversas.

Reconocernos como trabajadoras de la educación es algo más que una frase, es reconocernos al mismo nivel de todas las trabajadoras y trabajadores , y con algo que, sin embargo, nos hace diferentes. Hemos trabajado con personas, desde los primeros años de vida hasta la culminación de la vida universitaria. Hemos trabajado con aprendices a quienes les ofrecimos el andamiaje necesario para construir el conocimiento. Hemos trabajado en nuestro últimos años en un nuevo siglo lleno de desafíos. Quienes nos suceden en la vida docente harán lo mismo o, con toda seguridad, lo harán mejor. En el fondo es eso lo que significa la defensa de la educación pública ayer y hoy en nuestro país, en el que, pese a todo, el orgullo de haber sido docente es la mejor herencia que hemos recibido.

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