viernes 03 de abril de 2026 - Edición Nº3470

Sociedad | 31 may 2020

Tiene 90 años y durante el aislamiento estudia psicopedagogía con su nieta

Elsa es una abuela de nuestra ciudad. Nació en 1930 y fue maestra rural toda la vida en nuestra región. Relató a NdeN algunas vivencias sobre pandemias, la educación en el campo, las clases virtuales, los medios de comunicación: "No hay que quedarse atrás, seguir igual aunque cueste".


Nuestra ciudad tiene una gran cantidad de abuelos y abuelas. Personas que, en ciertos casos, no son oriundas de Necochea pero que en algún momento realizaron su vida aquí. Hombres y mujeres que nacieron en la década del 20´ del 30´ y hoy en 2020 llevan adelante esta Pandemia que los tiene como principal “sector de riesgo”, pero que sin embargo, no se achican... Ya enfrentaron 80 o 90 años de las vueltas del mundo.

“Antes vivimos otras enfermedades de contagio así, como la fiebre amarilla o el cólera pero la diferencia era que antes no te enterabas lo que estaba pasando, o te enterabas cuando ya se había terminado la pandemia”, cuenta a NdeN una estas abuelas. “Ahora con la comunicación la gente está prevenida y sabe cómo cuidarse, algunos quieren y otros no, pero es su decisión”, desliza con ironía necochense Elsa. 

Tiene 90 años, por ende nació un febrero de 1930. Paradójicamente ese año hubo una gran crisis económica mundial conocida como la “gran depresión”, cuando cayó la bolsa de Estados Unidos produciendo grandes problemas económicos en el todo el mundo. A la vez, se trata del período de entreguerras donde Hitler comenzaba a ganar el poder en Alemania, que desmbocaría en la 2°Guerra Mundial. En Argentina estaba todo preparado para el primer golpe militar, realizado al dirigente radical Yrigoyen.

Elsa nació cerca de General Belgrano, localidad bonaerense donde su padre hacía remates y se encargaba de un campo. Junto a todos sus hermanos vivieron en muchos lugares del país, Córdoba, San Luis, Santiago. Ella terminó su secundario como pupila en Necochea, con el título de Maestra Normal Nacional. 

Comenzó allí su vida laboral como maestra rural, en esa época se casó en Necochea, donde tenían una casa junto a su marido, que la tenían como “base” ya que, entre otras vueltas, durante 10 años vivieron en una estancia en San Miguel del Monte, donde trabajaba su esposo y allí, tuvieron a sus 6 hijos. 

Una vez jubilada, a los 47 años, la señora Retta, siguió yendo y viniendo: “pensar que hay gente que todavía busca trabajo a esa edad, que paradoja", se sorprende y cuenta que de todos modos siguió trabajando dando clases particulares y cumplió uno de sus sueños: fundar un jardín rural. "Veíamos que los chicos llegaban al primario rural directo del campo pero faltaba algo que los vaya preparando, de relaciones sociales y de desapego con los padres", explica a NdeN y dice que después de fundar el jardín en Monte ella continuó su vida en Necochea pero la institución sigue funcionando. 

Se cierra una etapa pero se abre otra

En el año 1993 Elsa se radica finalmente en nuestra ciudad para rol de "abuela". Quizás en algún momento, en esta etapa de "ama de casa" pensó que nunca más iba a agarrar los manuales: "Me la pasaba haciendo crucigramas y esas cosas porque quiero mantener la mente activa", le explicaba a su psicóloga, quien le llevaba cosas para hacer.

Hasta que en la actualidad, una de sus nieta, que cursa el profesorado en Psicopedagogía, se le ocurrió hacerle alguna consulta sobre la Edad Media. "Agarré unos manuales de hace 40 años, miré algo en Google y empecé a estudiar con ella", explica esta abuela que maneja el Whatsapp, hace videollamadas, navega por Internet, lee, resume, y está más lúcida que muchos vecinos. 

“Hay que darle para adelante”

No hay dudas que los medios de comunicación han tomado un protagonismo tan importante en la realidad que no se puede desconocer. Tanto lo que expresaba Elsa anteriormente respecto a cómo se puede comunicar una Pandemia hoy, como sus cosas malas. Para ella, que además tiene un nieto periodista, es importante “estar al día”: “Hay que saber las cosas, buenas o malas... no en un sentimiento algo morboso, pero hay que saber y no hay que quedarse, no nos podemos quedar, hay que seguir”, explica del otro lado del teléfono y justifica su sobrenombre: “la vasca”. 

Continúa hablando y compartiendo su experiencia y sugerencias ante las preguntas, y hay algo que insiste: el debate de ideas: “Hay algo nuevo y uno ya se pone en contra porque es nuevo, capaz que sirve y uno no se da cuenta... hay que hacerle caso a la experiencia de los demás”, aconseja y vuelve a lo periodístico: “hay que saber qué noticias son importantes y cuáles son propaganda”, dice con ojo crítico. 

 
Las clases virtuales

Esta maestra con gran experiencia con la gente “de campo”, a los que enseñó durante décadas en la región, está asombrada con lo que se está viviendo hoy en día durante la cuarentena: “La eficacia del docente es personal, siempre hay cierta "onda" con algún profesor o maestro y eso no está ahora” analiza respecto a las clases virtuales: “mi hija, que es profesora, le pidió fotos a sus alumnos para verles las caras... porque uno no esta preparado para la educación a distancia”, ejemplifica. 

Sin embargo "Elsita" no cree que por eso haya que largar todo: “no quedarse atrás, seguir igual, aunque cueste... vivir el día bien, evitar la violencia, darle la razón a veces al que piensa distinto, saber compartirla”, sugiere y finaliza: “es importante la idea del otro, a veces sin incorporarla, pero a lo mejor tiene cosas buenas, en política, religión, deporte”... 

Uno de sus nietos, Santiago, la describió así: "Docente eterna y jubilada viajera, cuando le servís vino tinto te marca la medida con los dedos, mientras hace las mejores croquetas de Necochea. Heredamos sus ojos achinados y las sonrisas pícaras por nuestras imperfecciones cotidianas. Con el paso del tiempo nos dimos cuenta que se dejaba ganar al Chinchón, aunque tenga el infinito placer de alzar dos comodines".

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