jueves 30 de abril de 2026 - Edición Nº3497

Sociedad | 24 oct 2016

S.O.S: Sobrepeso y Obesidad Infantil

En la población infanto-juvenil  el sobrepeso y la obesidad han aumentado en forma alarmante. El mayor peso corporal predispone a los niños a muchas de las enfermedades que antes solían verse sólo en adultos: hipertensión, diabetes 2, aumento de colesterol y triglicéridos en sangre.


Por: María José Arano - Licenciada en Nutrición (UBA) - MN: 5599 MP: 2737

La recomendación actual de la Organización Mundial de la Salud para definir sobrepeso y obesidad en la infancia es la utilización del IMC (índice de masa corporal) según edad.

Así, un valor de IMC para la edad mayor al Percentilo 97 nos indica presencia de obesidad infantil y valores de Percentilo entre 85 y 97 nos indica la presencia de sobrepeso.

Independientemente de la forma en que se mida este valor, varios aspectos deben tenerse en cuenta a la hora de abordar la consulta con este tipo de población.

Es fundamental elaborar una historia clínica completa e indagar de manera muy exhaustiva la conducta alimentaria que lleva el niño y SU FAMILIA. El éxito en la aplicación de conductas saludables depende en gran medida del rol que cumpla la familia en la vida del niño.

Para analizar los factores que influyen en que un paciente presente sobrepeso u obesidad podemos tomar el siguiente esquema:

 

Factores predisponentes: Determinan que un paciente presente mayor tendencia a la ganancia de peso exagerada (carga genética, herencia, presencia de patologías asociadas con obesidad).

Factores desencadenantes: Aquellos que pueden precipitar la aparición de la enfermedad (cambio de escuela, mudanza, separación de los padres, muerte de algún ser querido).

Factores perpetuantes: Aquellos que favorecen que la enfermedad progrese, creándose un círculo vicioso (inactividad física, elevado consumo de grasa y azúcar, conductas alimentarias equívocas, entre otros).

¿Qué se recomienda?

-         Procurar la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad como mínimo;

-         Ofrecer, al menos durante el 1° año de vida, los alimentos en su estado de sabor natural, sin agregado de azúcar ni sal;

-         Permitir la autorregulación de la ingesta;

-         Lácteos (leche yogur y quesos) descremados a partir de los 2 años de edad;

-         Alentar el consumo de alimentos saludables y evitar los alimentos ultraprocesados (ver artículo “Ultraprocesados: aprendiendo a convivir con ellos);

-         Servir porciones adecuadas a la edad y esperar a que el niño pida a repetir. Nunca forzarlos a terminar la comida ni utilizarla como premio o castigo;

-         Abandonar el concepto de “con tal que coma, que coma cualquier cosa”;

-         Desarrollar diariamente actividades que comprometan el cuerpo y eviten el sedentarismo;

-         Limitar el tiempo frente a la televisión/computadora/celulares a 2 horas diarias;

-         Ofrecer viandas saludables para que el niño lleve a la escuela (excepto casos particulares, la comida que se ofrece en el kiosco del colegio suele ser de mala calidad);

-         Comer comida saludable en familia. Los niños adoptan gran parte de los hábitos que se practican en casa.

En esta población, salvo casos especiales, el abordaje debe apuntar a la modificación de estilos de vida. No debemos olvidar que, si bien desde edades tempranas se van formando hábitos, el crecimiento en esta etapa de la vida es fundamental.

 

María José Arano – Lic. En Nutrición (UBA)

 

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