
La decisión representa una marcha atrás respecto del criterio que había generado fuertes cuestionamientos entre periodistas acreditados, especialmente en partidos donde ninguna de las selecciones participantes tenía al español como idioma oficial. En esos casos, la falta de intérpretes obligaba a formular preguntas en inglés incluso cuando los futbolistas entendían perfectamente el castellano y estaban dispuestos a responder en ese idioma.
Días atrás, la situación había quedado expuesta en distintos episodios virales que pusieron en evidencia cómo la rigidez de los protocolos chocaba con el sentido común. El debate creció rápidamente y terminó convirtiéndose en una de las discusiones más comentadas alrededor de la organización del certamen.
Uno de los momentos más comentados ocurrió durante una conferencia de prensa de Marruecos. Cuando un periodista mexicano intentó preguntarle en español a Achraf Hakimi, nacido y criado en Madrid, fue interrumpido por el moderador para recordarle que debía utilizar uno de los idiomas habilitados.
La escena tomó otro rumbo cuando el propio defensor marroquí intervino: "Está bien, entiendo", dijo, dejando en evidencia lo absurdo de la situación. Incluso se ofreció a responder en inglés si eso facilitaba el protocolo.
Algo similar ocurrió con Vinícius Júnior. El delantero brasileño frenó a un periodista español que intentaba formular su consulta en un inglés forzado y le pidió que hablara en castellano. Sin embargo, nuevamente la organización recordó que no había traducción disponible para ese idioma.
También Frenkie de Jong protagonizó una situación parecida cuando manifestó que no tenía inconvenientes en comprender preguntas realizadas en español.
Las críticas crecieron por una razón evidente: México es uno de los tres países anfitriones del Mundial y el español es uno de los idiomas más hablados del planeta. Además, millones de hispanohablantes siguen el torneo desde América Latina, España y la propia comunidad latina de Estados Unidos.
Para muchos periodistas, el problema no era técnico ni logístico, sino una decisión organizativa que terminaba restringiendo innecesariamente la comunicación.
La discusión trascendió el ámbito deportivo y derivó en un debate más amplio sobre inclusión, accesibilidad y diversidad lingüística dentro del evento más importante del fútbol mundial.
Finalmente, la FIFA decidió modificar el esquema de traducción e incorporar intérpretes de español en todas las conferencias oficiales del Mundial, independientemente de las selecciones involucradas.
De esta manera, los periodistas acreditados podrán volver a formular preguntas en castellano durante cualquier rueda de prensa del certamen.
El organismo no emitió una autocrítica pública sobre la decisión inicial, pero el cambio de criterio fue interpretado como una respuesta directa a las críticas y al debate generado en los últimos días.
La rectificación no borra la polémica que marcó los primeros días del Mundial, pero sí deja una enseñanza poco habitual en estructuras tan rígidas como la FIFA: escuchar también forma parte de organizar.
En un torneo que se presenta como una celebración global del fútbol, permitir que se utilice uno de los idiomas más hablados del planeta parecía una cuestión elemental.
Esta vez, después del ruido y de las críticas, el sentido común terminó imponiéndose sobre la burocracia.