
La tragedia ocurrida frente al skate park de Mar del Plata conmocionó a toda la región. Un colectivo se subió a la vereda, atropelló a varias personas y provocó la muerte de una joven de 18 años, además de dejar seis heridos que continúan bajo atención médica.
Mientras la Justicia avanza con la investigación, la principal hipótesis comenzó a tomar fuerza desde las primeras horas. El fiscal de Delitos Culposos, Germán Vera Tapia, aseguró que "pareciera más una hipótesis de accidente por falla mecánica que una imprudencia por parte del chofer" y resumió esa teoría con una frase que rápidamente se volvió el eje del caso: "El volante giraba, pero no giraban las ruedas".
Las pericias determinarán si una rotura en el sistema de dirección fue la causa del siniestro. Sin embargo, el episodio también volvió a poner el foco sobre una realidad que en Necochea viene generando preocupación desde hace tiempo.
En los últimos meses, el transporte urbano local acumuló una serie de episodios que dejaron de ser hechos aislados para convertirse en una constante.
En febrero, un colectivo se incendió en Quequén mientras realizaba su recorrido con pasajeros a bordo. La rápida evacuación evitó que hubiera personas heridas.

A esos casos se suman colectivos que quedaron detenidos en plena vía pública por desperfectos mecánicos, recorridos afectados por la falta de unidades operativas y una reducción de frecuencias que fue reconocida tanto por las empresas prestatarias como por representantes de los trabajadores.
La discusión sobre el transporte público en Necochea suele concentrarse en el precio del boleto, los subsidios y la continuidad del servicio.
De hecho, las empresas advirtieron recientemente que la tarifa actual resulta insuficiente para afrontar los costos operativos y plantearon la necesidad de una actualización para sostener la prestación.
En paralelo, el Concejo Deliberante analiza un nuevo pliego de licitación que definirá el funcionamiento del sistema durante los próximos quince años.
Sin embargo, la tragedia de Mar del Plata incorpora una variable que también merece atención: el estado mecánico de las unidades que circulan diariamente por la ciudad.
En menos de cinco meses, Necochea registró dos colectivos incendiados, unidades fuera de servicio por desperfectos, frecuencias reducidas por falta de coches operativos y reiterados reclamos de usuarios por demoras.
Cada uno de esos episodios, por separado, puede interpretarse como un problema operativo.
Pero juntos muestran un sistema que atraviesa dificultades visibles y que obliga a discutir no solo su sustentabilidad económica, sino también las condiciones en las que se presta un servicio utilizado diariamente por miles de vecinos.
La investigación judicial establecerá si una falla mecánica fue la causa del accidente que conmocionó a Mar del Plata.
No existen elementos para afirmar que una situación similar vaya a ocurrir en Necochea.
Lo que sí muestran los antecedentes locales es que las fallas mecánicas, los incendios de unidades, las roturas y la reducción de frecuencias forman parte de una realidad conocida por usuarios, trabajadores y empresas.
Por eso, la tragedia marplatense también funciona como una oportunidad para revisar el sistema local antes de que las discusiones vuelvan a centrarse únicamente en el precio del boleto o en los recorridos.
Porque la calidad del transporte público no se mide solo por la puntualidad o la tarifa.
También se mide por la seguridad con la que miles de vecinos suben todos los días a un colectivo.